Una aberración de la historia llamada Donald Trump

Por: Mtro. Juan Carlos Esparza Ramírez
Profesor del Colegio de Derechos Humanos, Gestión de Paz y Derecho de la UCSJ

Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios propios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará.

Benito Juárez

aberración.

(Del lat. cient. aberratio, -onis).

  1. f.Grave error del entendimiento.
  2. f.Acto o conducta depravados, perversos, o que se apartan de lo aceptado como lícito.

Diccionario de la Real Academia Española

Sin máscaras

Donald Trump es un personaje perverso y despreciable.

Es el reflejo más fiel de lo que ha sido desde sus orígenes el país que lo volvió a elegir como presidente hacia todo grupo humano que no comparta al menos una de sus bases esenciales W.A.S.P. (White, Anglo-Saxon, Protestant), a pesar de que éste se concibe, paradójicamente, como un “melting pot”, término popularizado por la obra de teatro de judío sionista inglés, Israel Zangwill, traducida como “El Crisol de Culturas”, en la cual, curiosamente, uno de los temas centrales es la migración.[1]

Las virtudes del presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, son tantas que pueden apuntarse en un post-it y sobraría espacio. Acaso, en honor a la verdad, una que no ofrece lugar a dudas es la tenacidad; por algo llegó a la Casa Blanca. En contraparte, no pueden olvidarse otras de sus glorias: ha llevado a la quiebra varias de sus empresas y es un delincuente convicto con al menos 34 cargos criminales probados. Aun así, es el presidente de Estados Unidos de América y quien está redefiniendo la economía global para hacerla a su imagen y semejanza; esto es, un berrinche tras otro.

Cuando Trump intenta expresar situaciones positivas, sólo hace evidente su pobreza intelectual y, por lo tanto, lexicológica, ya que a duras penas brota de su raciocinio alguna otra palabra además de “beautiful”, “great” o “wonderful” en frases más bien infantiles. En cambio, cuando se trata de insultar y humillar, las palabras le fluyen de manera muy natural.

Si en su pasada campaña, y anteriormente, en su primera presidencia se dedicó a insultar el nombre de México un día sí y el otro también, en la actual parece que busca superarse y extender sus vejaciones a otros países, algo que ha alterado por completo el sistema vigente de las relaciones internacionales.

Ya se había referido a El Salvador y Haití como “países de mierda”[2] y de México su población se refirió constantemente como un país que al suyo le roba y se aprovecha dolosamente por medio de criminales y violadores. En los primeras semanas de su segundo régimen también denostó a Canadá, Groenlandia, Panamá y Francia.

En apenas unos meses, Trump ha incurrido en una serie creciente de despropósitos o aberraciones con respecto a la historia y la diplomacia como sucedió con su insistencia en la anexión de Canadá y de Groenlandia. No se trata de un exabrupto de último momento, sino de una idea que hunde sus raíces en los orígenes históricos de su país, ampliado territorialmente a costa de las vidas y tierras de aquellos que, por ser diferentes, considera inferiores y prescindibles.

Anexión

Esta es una palabra que ha definido y sustentado la historia de territorial de Estados Unidos de América desde su independencia, primero con la adjudicación de todas las tierras al oeste de los Montes Apalaches y hasta la ribera oriental del río Misisipi en 1783, lo que triplicó la superficie original de las trece colonias, y después con la compra de Louisiana a Napoleón en 1803, un territorio de extensión similar a la Nueva España, así como por la venta forzada por España de la península de Florida en 1819, con lo que el joven país por fin tuvo acceso al Golfo de México, esa gran masa marítima que sólo en la mente del oligofrénico en cuestión y en la de sus esbirros se llama “of America”.

La historia continuó con el despojo planificado del 51% del territorio mexicano iniciado en Texas en 1836 y consumado en California en 1847, un evento que para los mexicanos, a casi 180 años de distancia, su sola mención aún llena de dolor, mientras que, para los estadounidenses apenas merece ser nombrado en una línea o en una nota al pie de página con el ridículo eufemismo de “The mexican cession”.

Las voces críticas de esta guerra de conquista y despojo, han sido echadas al olvido, como la de uno de sus protagonistas, el general Ulisses Grant, presidente de Estados Unidos entre 1869 y 1877, y quien en su juventud formó parte del ejército invasor. Éste escribió en sus memorias, dos años después de dejar el cargo, una de las descripciones más elocuentes y exactas de aquella tragedia: “There was never a more wicked war than the one the United States waged against Mexico… One of the most unjust wars ever waged, for example, by a republic that followed the bad example of European monarchies by disregarding justice in its eagerness to acquire more territory” (Nunca hubo una guerra más perversa que la que Estados Unidos libró contra México… Una de las guerras más injustas jamás libradas, por ejemplo, una república que siguió el mal ejemplo de las monarquías europeas, al no considerar la justicia en su afán de adquirir más territorio).

Perversidad e injusticia.

En sus dos regímenes, Donald Trump ha colocado en el despacho presidencial el retrato del que considera su presidente favorito: Andrew Jackson, quien gobernó de 1829 a 1837. Este personaje, sin exageraciones, bien puede ser llamado el primero de los varios genocidas que Estados Unidos ha elevado al poder ejecutivo, lo mismo que un patrocinador del despojo de tierras ajenas.

Se trata de un esclavista y expansionista que promulgó leyes de lo que hoy se conoce como limpieza étnica para expulsar a la población indígena que provocó la muerte por maltrato, hambre y frío de miles de hombres, mujeres y niños de las naciones cherokees, navajo, potawatomi, seminole, muscogee y choctaw. Este oscuro episodio de la historia estadounidense se recuerda en la memoria de aquellos pueblos como “El sendero de las lágrimas”. Su régimen permitió también la propagación deliberada de viruela entre los nativos.

Los indígenas nativos norteamericanos se agrupaban en más de quinientas naciones, aún durante el periodo colonial británico, pero hoy en día quedan unos cuantos miles dispersos en las llamadas “reservaciones”, que no son sino terruños infértiles en que se les condenó al alcoholismo, la depresión y el suicidio. La comparación con la política anti inmigrante trumpiana es evidente y pertinente cuando la actividad de represión, cautiverio vejatorio y traslado forzoso de muchos no W.A.S.P. ha aumentado, sobre todo desde los desacuerdos con el magnate afrikáner Elon Musk, quien deslizó la idea de que el actual presidente estadounidense está involucrado en el caso Epstein. Curiosamente, las redadas contra esa gran fuerza laboral comenzaron inmediatamente después.

Jackson fue  también el patrocinador del separatismo de Texas, un evento del que tampoco puede ser uno ciego ante los vergonzosos casos de torpeza diplomática y militar de México. Sin entrar en detalles que ameritarían una profundización histórica mayor, Aquel territorio fue sobrepoblado de manera ilegal y abusiva por gente a la que encaja a la perfección la retahíla de adjetivos con los que Trump se ha referido a los migrantes mexicanos: “bad hombres” y “criminales y violadores” que sólo llegaron a aprovecharse del país. Para mayor información, el líder del proceso separatista, Samuel Houston, no sólo era un agente de Jackson, sino también su amigo personal. Los resultados son conocidos: se perdió el territorio de Texas, en donde se inventó una efímera república que terminaría al cabo de unos años, anexándose a Estados Unidos, como era la intención inicial.

Ese es Jackson, el héroe de Trump, cuyo retrato el presidente Barack Obama, segundo de los tres presidentes no W.A.S.P. (Kennedy era de origen irlandés, por lo tanto, celta y católico, y Biden también católico) fracasó en eliminar del billete de veinte dólares y remplazarlo por la figura de Harriet Tubman, figura central de abolicionismo durante la Guerra de Secesión (1861-1864).

 

¿Qué otros pasos jacksonianos está siguiendo Donald Trump?

En la primera semana de septiembre de 2025 se filtró por la prensa el plan de limpieza étnica dentro del genocidio israelí sobre la población palestina para apropiarse de la Franja de Gaza y convertirla en un centro turístico y financiero bajo la administración estadounidense.[3] Sobre esta inhumanidad, ¿hay lugar para más y mayores adjetivos que los que se han mencionado en este artículo? ¿Cuánto más queda por escribir sobre un personaje tan siniestro y nocivo si aún no cumple ni el año de su segundo mandato?

Falta espacio para mencionar también los crímenes de odio y contra la humanidad cometidos por el país vecino contra la población mexicana que quedó de aquel lado de la nueva frontera tras el despojo de 1847, contra los africanos esclavizados, contra los inmigrantes irlandeses e italianos (véanse los casos del batallón de San Patricio y el juicio de Sacco y Vanzetti), contra coreanos vietnamitas, camboyanos, y prácticamente toda la América Latina y la destrucción de Irak y Afganistán. Revísense las causas y consecuencias de la intromisión estadounidense en el Oriente Medio y el patrocinio permanente del sionismo. Analícese todo esto y se verá que esta potencia, no decadente, sino ya decaída, está muy lejos de los documentos de sus llamados Padres Fundadores (sólo de sus textos, pues éstos fueron en realidad, casi todos esclavistas que se rebelaron contra Inglaterra porque no querían pagar impuestos).

Al final de estas líneas la tentación de nombrar a Donald Trump  como una aberración se desdibuja, y el término se queda corto, pues Trump no es la excepción, sino la norma, pero elevada a su máxima potencia, el signo puro de lo que Estados Unidos frente y contra el mundo se ha empeñado y enorgullecido de ser.

[1] Israel Zangwill,The melting-pot (The American Jewish Book Company, New York 1921), https://www.gutenberg.org/files/23893/23893-h/23893-h.htm

[2] “Trump se refirió a Haití y a las naciones africanas como países de “mierda”. NBC News, 11 de enero de 2018. https://www.nbcnews.com/politics/white-house/trump-referred-haiti-african-countries-shithole-nations-n836946

[3] Macarena Vital Liy,“El plan de Trump para el futuro de Gaza prevé desplazar a todos sus habitantes”, El País, 31 de agosto de 2025. https://elpais.com/internacional/2025-09-01/un-plan-para-gaza-que-maneja-el-gobierno-de-trump-preve-desplazar-a-todos-sus-habitantes.html

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